13 nov. 2011

Comienza la restauración del Camarín de la Virgen

Los trabajos llegan al corazón del Santuario: el camarín de la Virgen de la Montaña Las obras del Santuario de la Virgen de la Montaña, que comenzaron el pasado mes de agosto, han llegado al corazón del templo: el camarín. Cuatro jóvenes trabajan desde hace dos semanas en la pequeña capilla donde se encuentra la talla de la patrona de Cáceres, situada tras el retablo principal del templo. Su misión consiste en recuperar los frescos del siglo XVIII que decoran sus muros y acabar con las grietas abiertas por la humedad que, durante años, ha deteriorado esta construcción. Las madrileñas Belén Fernández y Adriana Herans, licenciadas en Bellas Artes, son las encargadas de devolver todo su esplendor al camarín. Han sido contratadas para la ocasión por la empresa Restaura, adjudicataria de la obra del Santuario, con la que también trabajaron en la rehabilitación del Palacio de Mayoralgo o en el claustro mudéjar del Monasterio de Guadalupe. Esta vez han vuelto acompañadas por la burgalesa Sheila Solano, doradora, y el placentino Alberto Prieto, especialista en carpintería. Estarán en Cáceres durante tres meses y, además de trabajar en el camarín, también se encargarán de limpiar y mejorar el estado del retablo, que quedará cubierto bajo los andamios. Las estructuras, no obstante, dejarán a la vista la talla de la patrona de la ciudad. Belén, Adriana, Sheila y Alberto han dedicado sus primeros días a limpiar y consolidar las pinturas del camarín. Para ello, se sirven de un instrumento de lo más cotidiano: goma de borrar, con la que eliminan el polvo que hay pegado a la superficie. Las grietas se cubren con una masa especial, más fina que la que se emplea en las fachadas de las viviendas. Hay que recordar que la restauración del camarín es una de las actuaciones prioritarias de los trabajos de rehabilitación del Santuario. De hecho, en un principio, la intervención sólo se iba a centrar en este punto, aunque más tarde el proyecto se amplió y se transformó en una ambiciosa obra con un presupuesto de 457.595 euros, que financian cinco instituciones. «Hay unas zonas que están bastante bien conservadas pero hay otras que, por las humedades, están muy mal. Hay una pared que está casi perfecta», explica Adriana Herans durante un receso matinal. «Es muy bonito. No suele haber muchos camarines con pintura mural. No es algo muy común», añade Belén Fernández. Motivos vegetales y escenas religiosas ilustran esta pequeña capilla. La jornada de estos cuatro restauradores arranca a las ocho de la mañana y finaliza a eso de las cinco de la tarde. Su estancia en el Santuario les ha permitido constatar el tirón que tiene la Virgen entre los cacereños. «Todas las mañanas, cuando venimos a trabajar, nos encontramos a gente por la carretera. Es sorprendente», comentan. El plazo de ejecución de las obras es de ocho meses. Ya ha finalizado el arreglo de la cubierta y ahora, además de intervenir en el camarín, también se trabaja en la reparación de las humedades interiores y en la renovación de las instalaciones eléctricas y de fontanería.